Exito o fracaso del cuponing

Exito o fracaso del cuponing

Si eres un profesional liberal, una pequeña empresa y te has lanzado al mundo del cuponing o te lo estás planteando este artículo te puede interesar.  De entrada el cuponing es tan viejo como el marketing. Fue Coca- cola la primera en insertar un cupón de descuento en los periódicos allá por 1886.

La estrategia le funcionó para dar a conocer una marca y un producto que acababa de ser creado. Y hoy Coca-Cola es el monstruo que todos conocemos.

Han pasado 130 años y los cupones son digitales, se llevan en el móvil, se imprimen en casa, muchos lo harán en el trabajo y se utilizan en un universo muy amplio: restaurantes, servicios estéticos, ropa…., bueno, no sigo que la lista es larga.

Si has decidido dar a conocer tu producto o negocio a través del cuponing te invito a una reflexión. Lo primero planteáte que buscas con el cupón. Lo segundo, tu coste. Y lo tercero, tu beneficio. Si buscas branding, dar a conocer tu marca, es una buena opción, barata y rápida. Si buscas captar clientes no es una buena opción. Y si buscas un ROI, es decir que tu inversión sea rentable, no te lo plantees ni por asomo. Antes de que se enciendan las empresas intermediarias de cupones y los lectores de este artículo he de decir que esta es una reflexión personal , desde mi corta experiencia en el mundo del marketing digital y desde un campo que afirmo, las empresas de cuponing tienen un tanto abandonado. La experiencia del cliente. Un experimento práctico de cuponing A lo largo del último año he comprado diversos cupones para uso personal y para experimentar, investigar y aprender la realidad de este fenómeno que, por cierto, algunos dan por muerto en la red. Yo de momento, no lo comparto. Pero vamos a los cupones. Centrémonos en tres casos prácticos: comida familiar para 20 personas por 20 euros (precio por persona) en vez de 40; revisión del coche por 25 euros, en vez de 130, y servicio de peluquería para señora con tinte diez euros, en vez de 40 euros. No voy a desvelar ni las empresas intermediarias ni las prestatarias de los servicios por una cuestión de ética. Al grano. El restaurante. Era un sitio que ya conocíamos y un menú que no estuvo mal en general , pero que era todo a compartir, no había platos por personas. Salimos contentos, pero sabedores de que el precio pagado y el servicio eran justos, pero que si queríamos que el solomillo fuera individual en vez de a compartir entre cuatro, el precio se hubiera doblado. Cliente satisfecho, local lleno. Conozco este local y ha cambiado de manos y de nombre tres veces en los dos últimos años. Y la verdad es que ahora lo veo siempre lleno. La revisión del coche. A priori sonaba bien por precio. Llevé el coche al taller y dado que estaba lejos del casco urbano, opté por quedarme en el bar de una gasolinera colindante a esperar, ya que en hora y media me entregaban el coche. Tenían tantos vehículos que me dijeron que lo dejase casi en la gasolinera, por lo que desde la terraza del bar veía mi coche. Pasada una hora y cuarto y al ver que mi coche ni se había movido, fui al taller y le pregunté que cómo lo llevaban. Mi sorpresa fue la respuesta. “Ya lo hemos repasado, falta una comprobación y te lo llevas”. Se me quedó cara de emoticono. Le dijé que ni lo habían tocado, que donde había estado lo veía. Su reacción fue violenta. Negarlo…, vamos, le pedí las llaves y ni las encontraban. Eso sí, el cupón me lo pidió. dado que el tipo era violento y tenía mis llaves, opté por dárselo y largarme de allí. Y ahora empezó mi calvario como cliente. No sé cuántas llamadas hice, 902…, constestadores de pulse el uno, el tres el cuatro…. Vamos que mandé un mail a la empresa que me vendió el cupón para que llegase a atención al cliente y me reembolsasen el importe. Me llamaron, me devolvieron el dinero y les pregunté si usaban el cliente misterioso para hacer un seguimiento de sus clientes y si se lo habían planteado. Ni hubo respuesta ni tomaron nota. Peluquería con tinte No lo contraté para mí. Pero si un servicio normal sin cupón que me permitió hablar con la responsable de la peluquería durante largo rato sobre los cupones. Me contó que usó el cupón para darse a conocer y que había sido un desastre. Sus motivos: de los 80 que vendió, sólo una clienta se había convertido en recurrente. Además, los diez euros que cobraba no le daban para nada, después de pagar la comisión a la intermediaria del cupón y de pagar el tinte con un coste de cinco euros. Hasta el punto de que me llegó a decir que acabó comprando tintes por un euro para los destinatarios del cupon. Sin comentarios. Las conclusiones Las intermediarias de cupones está claro que no supervisan los servicios que se ofertan. Es físicamente imposible y tendría unos costes muy elevados, pero deberían plantearse el cliente misterioso o un feed back con el cliente final. Al menos los que prestan sus servicios se lo tomarían más en serio y el usuario final seguiría usando cupones y no planteándose lo contrario. Y en cuanto a los negocios, es evidente que si quieres hacer branding es barato, asumes un coste del servicio en horas y en producto y te sirve para darte a conocer. Como fórmula de captación de clientes no me parece válida. Si te han dado un servicio por diez euros, para que vas a volver y pagar 40. Tu opción sería no tirar el precio. Fijar un precio, un 25 por ciento más barato, por ejemplo, y tal vez a la peluquería en vez de un cliente hubieran vuelto 30. Así que si quieres usar el cuponing ánimo. Piensa en el precio, no lo bajes tanto, y `por supuesto, da un servicio normal como si le cliente hubiera entrado por la puerta sin más. No engañes, no mientas…, pero sobretodo haz tus números. a lo mejor te sale más a cuenta, uan página en Google + o imprimir y repartir unos flyers. Hasta la próoxima. Espero que os haya servido de algo mi reflexión. Deja tu opinión y comparte.[/learn_more]

Si has decidido dar a conocer tu producto o negocio a través del cuponing te invito a una reflexión. Lo primero planteáte que buscas con el cupón. Lo segundo, tu coste. Y lo tercero, tu beneficio.

Si buscas branding, dar a conocer tu marca, es una buena opción, barata y rápida. Si buscas captar clientes no es una buena opción. Y si buscas un ROI, es decir que tu inversión sea rentable, no te lo plantees ni por asomo.

Antes de que se enciendan las empresas intermediarias de cupones  y los lectores de este artículo he de decir que esta es una reflexión personal , desde mi corta experiencia en el mundo del marketing digital y desde un campo que afirmo, las empresas de cuponing tienen un tanto abandonado. La experiencia del cliente.

Un experimento práctico de cuponing

A lo largo del último año he comprado diversos cupones para uso personal y para experimentar, investigar y aprender la realidad de este fenómeno que, por cierto, algunos dan por muerto en la red. Yo de momento, no lo comparto.

Pero vamos a los cupones. Centrémonos en tres casos prácticos: comida familiar para 20 personas por 20 euros (precio por persona) en vez de 40; revisión del coche por 25 euros, en vez de 130, y servicio de peluquería para señora con tinte diez euros, en vez de 40 euros.

No voy a desvelar ni las empresas intermediarias ni las prestatarias de los servicios por una cuestión de ética.

Al grano. El restaurante. Era un sitio que ya conocíamos y un menú que no estuvo mal en general , pero que era todo a compartir, no había platos por personas. Salimos contentos, pero sabedores de que el precio pagado y el servicio eran justos, pero que si queríamos que el solomillo fuera individual en vez de a compartir entre cuatro, el precio se hubiera doblado. Cliente satisfecho, local lleno. Conozco este local y ha cambiado de manos y de nombre tres veces en los dos últimos años. Y la verdad es que ahora lo veo siempre lleno.

La revisión del coche. A priori sonaba bien por precio. Llevé el coche al taller y dado que estaba  lejos del casco urbano, opté por quedarme en el bar de una gasolinera colindante a esperar, ya que en hora y media me entregaban el coche. Tenían tantos vehículos que me dijeron que lo dejase casi en la gasolinera, por lo que desde la terraza del bar veía mi coche. Pasada una hora y cuarto y al ver que mi coche ni se había movido, fui al taller y le pregunté que cómo lo llevaban. Mi sorpresa fue la respuesta. “Ya lo hemos repasado, falta una comprobación y te lo llevas”.  Se me quedó cara de emoticono. Le dijé que ni lo habían tocado, que donde había estado lo veía. Su reacción fue violenta. Negarlo…, vamos, le pedí las llaves y ni las encontraban. Eso sí, el cupón me lo pidió. dado que el tipo era violento y tenía mis llaves, opté por dárselo y largarme de allí. Y ahora empezó mi calvario como cliente.  No sé cuántas llamadas hice, 902…, constestadores de pulse el uno, el tres el cuatro…. Vamos que mandé un mail a la empresa que me vendió el cupón para que llegase a atención al cliente y me reembolsasen el importe. Me llamaron, me devolvieron el dinero y les pregunté si usaban el cliente misterioso para hacer un seguimiento de sus clientes y si se lo habían planteado. Ni hubo respuesta ni tomaron nota.

Peluquería con tinte

No lo contraté para mí. Pero si un servicio normal sin cupón que me permitió hablar con la responsable de la peluquería durante largo rato sobre los cupones. Me contó que usó el cupón para darse a conocer y que había sido un desastre. Sus motivos:  de los 80 que vendió, sólo una clienta se había convertido en recurrente. Además, los diez euros que cobraba no le daban para nada, después de pagar la comisión a la intermediaria del cupón y de pagar el tinte con un coste de cinco euros. Hasta el punto de que me llegó a decir que acabó comprando tintes por un euro para los destinatarios del cupon. Sin comentarios.

Las conclusiones

Las intermediarias de cupones está claro que no supervisan los servicios que se ofertan. Es físicamente imposible y tendría unos costes muy elevados,  pero deberían plantearse el cliente misterioso o un feed back con el cliente final. Al menos los que prestan sus servicios se lo tomarían más en serio y el usuario final seguiría usando cupones y no planteándose lo contrario.

Y en cuanto a los negocios, es evidente que si quieres hacer branding es barato, asumes un coste del servicio en horas y en producto y te sirve para darte a conocer. Como fórmula de captación de clientes no me parece válida. Si te han dado un servicio por diez euros, para que vas a volver y pagar 40. Tu opción sería no tirar el precio. Fijar un precio, un 25 por ciento más barato, por ejemplo, y tal vez a la peluquería en vez de un cliente hubieran vuelto 30.

Así que si quieres usar el cuponing ánimo. Piensa en el precio, no lo bajes  tanto, y `por supuesto, da un servicio normal como si le cliente hubiera entrado por la puerta sin más. No engañes, no mientas…, pero sobretodo haz tus números. a lo mejor te sale más a cuenta, uan página en Google + o imprimir y repartir unos flyers. Hasta la próoxima.

 

Espero que os haya servido de algo mi reflexión. Deja tu opinión y comparte.

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